Iluminación
Apliques de pared: cuál elegir y a qué altura colocarlos
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Leer másLos plafones de techo son piezas de iluminación que se instalan pegadas al techo, sin caída. Y aunque mucha gente lo busque como «lámpara de techo», conviene ponerle su nombre desde el principio: un plafón es un plafón, no una lámpara. Una lámpara colgante cuelga y ocupa espacio en el aire; un plafón se queda arriba, no invade nada y por eso resuelve estancias donde el colgante no cabe o directamente estorba.
En esta guía verás cuándo conviene un plafón, qué estilos hay en nuestro catálogo de plafones y cómo acertar con el tamaño y la cantidad de luz.

No es una cuestión de gusto, es de altura libre y de uso de la estancia. El plafón gana cuando:
El colgante gana en la mesa del comedor, sobre la isla y en salones con techo alto, donde precisamente lo que se busca es que la pieza baje y llene el espacio. Si es tu caso, mira las lámparas colgantes; si lo que necesitas es luz orientable por zonas, entonces la respuesta son los focos.
Plafón de aro o halo

El más reconocible: un haz de luz dirigido a techo repartiendo la iluminación de forma homogénea. Encaja con los interiorismos actuales y funciona muy bien en dormitorios y salones, porque la luz sale repartida, sin crear puntos duros. En catálogo lo tienes en dos diámetros —Halo 52 y Halo 36—, que cubren desde un dormitorio hasta una estancia de tamaño medio.
Plafón LED Rain
Cuerpo muy plano, de pocos centímetros, pensado para composiciones donde interesa que la pieza casi desaparezca. El plafón Rain LED de 12 W es un buen ejemplo: da luz general para una estancia pequeña ocupando prácticamente nada. Funciona muy bien en composiciones de varios elementos.
Plafón decorativo de colección
Aquí la pieza sí quiere verse. Es el caso del plafón Keppler, que comparte lenguaje formal con los apliques y los focos de la misma colección: si quieres que toda la casa hable el mismo idioma, elegir dentro de una colección es la manera más sencilla de conseguirlo sin que parezca un muestrario.

La proporción se calcula respecto a la estancia, no respecto al techo. Una guía que funciona bien:
En estancias alargadas, olvida el centro geométrico: reparte los plafones por zonas de uso —la zona de estar, la de paso, la de trabajo— y notarás mucho más la diferencia que subiendo la potencia.
Como referencia orientativa, un salón o un dormitorio se mueven bien en torno a 100 lúmenes – 150 lúmenes por metro cuadrado de luz general, y una cocina o un baño piden algo más, sobre 200 lúmenes – 300 lúmenes por metro cuadrado, porque ahí sí se hacen tareas de precisión. Esa luz general no tiene que salir toda del plafón: se completa con apliques y focos.
El tono, en vivienda, siempre cálido: 2700 K para descansar y 3000 K donde interese algo más de nitidez, como el baño o la cocina. Y con bombillas LED, tanto por consumo como por la vida útil.
Un detalle que se olvida al comprar: mira si los plafones de techo llevan LED integrado o admite bombilla cambiable. No es mejor ni peor, pero cambia el mantenimiento a diez años vista, y viene indicado en la ficha de cada producto.
El plafón se atornilla al techo sobre el punto de luz existente, así que la clave es que ese punto esté donde tú quieres la luz —y no donde lo dejó el constructor—. Si estás en obra o reforma, es el momento de moverlo o de duplicarlo; después, todo cambio implica picar.
Nosotros te servimos la pieza: la instalación la hace tu electricista, que es quien conoce tu instalación y quien debe valorar la fijación y la protección adecuada en zonas húmedas como el baño.
Puedes ver todos los modelos disponibles y mas ejemplos en nuestros tableros de Pinterest, apartado plafones. Y si tienes las medidas de la estancia a mano y no sabes qué diámetro pedir, escríbenos y te lo decimos.
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